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Cénzalo, pesadilla de verano

// Escrito por Chibus // 15 Julio, 2009 // 2 Comments » // De la razón y la sin razón

Cénzalo, pesadilla de verano

Este díptero no es el inofensivo y simpático mosquito trompetero que sale cada día a libar el néctar de las flores. Este violero infatigable es como hilo de coser, astifino, negro zaíno, zumbón por naturaleza. Este cínife está batiendo la marca que el Barón Rojo mantenía desde la Primera Guerra Mundial con su triplano Fokker DR-1, superando con creces los cien derribos en combate. Cada noche, cuando los pacíficos ciudadanos de Helmos empiezan a conciliar su sueño, a eso de la medianoche, después de un largo y duro día de trabajo, el bellaco sale de su ilocalizada guarida y comienza la pesadilla. Emite un especial ruido que se cuela en el cerebro y despierta al dormido. En la oscuridad de la noche, éste da manotazos al aire con ánimo de atraparlo, pero el malvado insecto vuelve a la carga una y otra vez. La víctima se esconde bajo la sábana intentando salvar la temida picadura y posterior hinchazón. Esta maléfica actuación provoca un indeseado insomnio. Una vez conseguido el propósito, la víctima acaba extenuada y cae como un tronco. En ese preciso instante, el mosquito se ensaña hasta la saciedad, pica con paciencia, chupa la sangre y al día siguiente queda el cuerpo maltrecho, no logrando encontrar el ungüento que calme la rabia de la impotencia. De esta bestia inhumana se sabe que nunca estuvo en política… aunque…

 


Texto | Chibus
Foto | Darco TT

Los autómatas del charro gachupín

// Escrito por Chibus // 9 Julio, 2009 // Sin comentarios » // Celtiberia Show

Bajo consumo, por Alaejano58

Este charro gachupín es de mediana estatura, moreno, serio, de voz grave. Hombre de orden. Más burócrata que liberal. Austero a la fuerza. Dice que su palabra va a misa. Por ser de Salamanca, parece culto; no obstante, algunos piensan de él, que su tupida mata de pelo, le impide absorber con facilidad las nuevas ideas. Está en esa edad en la que la próstata empieza a apretar la vejiga, por eso, utiliza inmediatamente cualquier servicio que se le pone a tiro. Hace unos días, en un céntrico bar de la ciudad, le ocurrió una gran desdicha. Fue al retrete, y al entrar, sin apretar botón alguno, se le encendió la luz y cuando estaba en plena tarea, se le apagó -esto le sucedía continuamente y le irritaba, ya que le resultaba imposible hacer aguas menores a oscuras-, pero dicho día, la cosa, se complicó un poco más. Al apagarse la luz, entró otro varón con igual propósito. Quiso decir aquello de: ¡está ocupado!, pero al girarse agarrado a su “manguerita”, el chorro salió con ganas. Como pueden suponer, puso a caldo al sorprendido conciudadano, que tampoco pudo evitar la embestida. Cuando nuestro notable gachupín pudo “cerrar” su grifo, pidió perdón y la luz volvió a apagarse. Chocando contra el lavabo, el ciudadano y la puerta, logró salir de aquel infierno, y al llegar a la barra, maldecía esos automatismos que hacen que la luz se encienda y se apague sin que nadie se lo ordene.

 

Vía | SalamancaBlog.com

 


Texto | Chibus
Foto | Jesús Mª Rodríguez (Alaejano58)