// Escrito por Darco // 10 Julio, 2009 // 4 Comments » // General

Llevaba un tiempo yendo a su casa por motivos semiprofesionales, visitas que al final acabaron siendo de pura amistad. El vivía con Lola, y Lola era un tanto especial. Según me confesó a Lola le costaba aceptar nuevas amistades. Era un poco reacia a salir de su mundo, de su círculo de amigos.
Al principio no me contó mucho más de ella, solo me dejaba caer algún que otro detalle de vez en cuando. Imaginé muchas veces el aspecto de Lola y que haría encerrada en aquella habitación durante el tiempo que yo permanecía en esa casa.
Siempre, cuando entraba en su casa y mi mirada se perdía en el final del pasillo, en dirección contraria al despacho donde trabajábamos, me decía que no me preocupara, que ella acabaría haciéndose a mi y yo a ella y que nos conoceríamos.
-En realidad -me dijo- a Lola le encanta la gente, y que la gente le dé cariño. Y añadió sonriendo: –Hareis buenas migas
Un día, al abrir la puerta, me guiñó un ojo, y me dijo con voz susurrante:
-Creo que ha llegado el momento
-¿El momento? –repetí entre sorprendido y asustado.
- Si, el momento. El momento de que Lola te conozca y que tú conozcas a Lola.
El mundo se me cayó encima. Nos dirigimos hacia la puerta del fondo del pasillo, aquella puerta tras la cual estaba Lola. Aquella puerta en la que Lola se encerraba cada vez que venía algún extraño, cada vez que venía yo.
-¡Espera! –me dijo sobresaltado. –Se nos olvida una cosa.
Se dirigió a la cocina y después de unos breves instantes regresó con una magdalena en la mano.
-Ten. Cuando yo te diga se la das a Lola. No te preocupes, tu tranquilo, no te hará nada.
(más…)